<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" >

<channel><title><![CDATA[Mundo y Medio - ANT&Aacute;RTIDA]]></title><link><![CDATA[https://www.mundoymedio.com/antaacutertida]]></link><description><![CDATA[ANT&Aacute;RTIDA]]></description><pubDate>Fri, 23 Apr 2021 09:31:10 -0700</pubDate><generator>Weebly</generator><item><title><![CDATA[Travesía al fin del mundo]]></title><link><![CDATA[https://www.mundoymedio.com/antaacutertida/travesia-al-fin-del-mundo]]></link><comments><![CDATA[https://www.mundoymedio.com/antaacutertida/travesia-al-fin-del-mundo#comments]]></comments><pubDate>Sat, 01 Mar 2014 08:00:00 GMT</pubDate><category><![CDATA[Ant&aacute;rtida]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.mundoymedio.com/antaacutertida/travesia-al-fin-del-mundo</guid><description><![CDATA[Este art&iacute;culo fue escrito para la revista En Exclusiva de Banco General, en la cual fue publicado en marzo de 2014.&#8203;Al abrir los ojos y absorber el horizonte, pens&eacute; que me hallaba en un entorno extraterrestre: picos de hielo de distintos tama&ntilde;os se extend&iacute;an a lo largo y ancho del mar y, m&aacute;s cerca, una tierra rosada inexplicable albergaba a cientos de ping&uuml;inos. As&iacute; es la Ant&aacute;rtida...A mis quince a&ntilde;os, como parte de su meta de re [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div class="paragraph"><span style="color:rgb(153, 153, 153)"><strong>Este art&iacute;culo fue escrito para la revista En Exclusiva de Banco General, en la cual fue publicado en marzo de 2014.</strong><br />&#8203;<br />Al abrir los ojos y absorber el horizonte, pens&eacute; que me hallaba en un entorno extraterrestre: picos de hielo de distintos tama&ntilde;os se extend&iacute;an a lo largo y ancho del mar y, m&aacute;s cerca, una tierra rosada inexplicable albergaba a cientos de ping&uuml;inos. As&iacute; es la Ant&aacute;rtida...</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">A mis quince a&ntilde;os, como parte de su meta de recorrer el mundo, mi padre me anunci&oacute; que nos &iacute;bamos a la Ant&aacute;rtida. Al explicar frente a toda la familia lo que el viaje implicaba, nadie m&aacute;s quiso sumarse. As&iacute;, acordamos emprender nuestra expedici&oacute;n hacia el sur solos, como dos exploradores. El primer paso fue investigar. En este proceso aprendimos que la Ant&aacute;rtida es el continente que est&aacute; situado m&aacute;s al sur del mundo, y que es &uacute;nico porque no tiene un gobierno per se, sino que se rige por lo establecido en el Tratado Ant&aacute;rtico. Este tratado entr&oacute; en vigencia en 1961 y ha sido firmado por cincuenta pa&iacute;ses a la fecha. El mismo dictamina que la Ant&aacute;rtida es una reserva en la cual est&aacute; prohibida la actividad militar y hay libertad de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Actualmente, alrededor de treinta pa&iacute;ses tienen alg&uacute;n tipo de base cient&iacute;fica en la Ant&aacute;rtida. El continente no cuenta con una poblaci&oacute;n nativa ni con ciudades u hoteles, sino solo con grupos de cient&iacute;ficos en sus respectivas estaciones. En un a&ntilde;o cualquiera, el n&uacute;mero de personas establecidas all&aacute; fluct&uacute;a entre mil y cuatro mil.<br />&#8203;&#8203;<br />La Ant&aacute;rtida fue el &uacute;ltimo continente en ser descubierto (en 1820) y su territorio es aproximadamente el doble del de Australia en tama&ntilde;o. El 98% est&aacute; cubierto por hielo de un espesor promedio de una milla. Adem&aacute;s, es el continente m&aacute;s fr&iacute;o y seco del mundo y para visitarlo hay que ir bien equipados. Aunque nuestro viaje ser&iacute;a en febrero, pleno verano en la Ant&aacute;rtida, el clima all&aacute; es extremo durante todo el a&ntilde;o. Dado que har&iacute;amos varias excursiones complejas, deb&iacute;amos llevar indumentaria de una tecnolog&iacute;a especial que nos protegiese s&oacute;lidamente, pero a la vez que fuese muy liviana. Con respecto a c&oacute;mo llegar, averiguamos que a la Ant&aacute;rtida se puede viajar en avi&oacute;n o en barco, desde Sudam&eacute;rica o desde Ocean&iacute;a. Si bien ir en avi&oacute;n resulta m&aacute;s c&oacute;modo y permite ahorrar tiempo, no es muy pr&aacute;ctico por la falta de alojamientos al llegar all&aacute; y por la volatilidad del clima, que puede impedir despegues o aterrizajes por varios d&iacute;as seguidos.<br /><br />La manera m&aacute;s com&uacute;n de alcanzar la Ant&aacute;rtida es en barco desde Punta Arenas, en Chile, o desde Ushuaia, la ciudad m&aacute;s al sur del mundo, ubicada en el sector argentino de la isla Grande del archipi&eacute;lago de Tierra del Fuego. Nosotros escogimos esta &uacute;ltima opci&oacute;n. Desde Panam&aacute;, Ushuaia es accesible con dos vuelos y una parada en Buenos Aires o Santiago. Ushuaia, como destino en s&iacute;, vale la pena. Es una ciudad peque&ntilde;a, de solo 60 mil habitantes, pero caracterizada por paisajes pintorescos y una actividad portuaria considerable. En Ushuaia abordamos lo que ser&iacute;a nuestra casa por los siguientes diez d&iacute;as: el M. S. Explorer, un barco con capacidad para aproximadamente cien aventureros y cincuenta tripulantes. Tras intentar inmunizarnos contra el mareo tomando p&iacute;ldoras y utilizando parches, brazaletes y pociones, pens&aacute;bamos que est&aacute;bamos listos para zarpar. En retrospectiva, reconozco que nada hubiese podido prepararnos para lo que est&aacute;bamos a punto de vivir.<br /><br />Las primeras horas al salir de Ushuaia fueron muy agradables, ya que est&aacute;bamos navegando el canal de Beagle, un estrecho entre islas del archipi&eacute;lago de Tierra del Fuego. Ese tiempo lo aprovechamos para conocer el barco y a algunos de los otros pasajeros a bordo. Aprendimos que el M. S. Explorer, un crucero peque&ntilde;o fortalecido para poder navegar a trav&eacute;s del hielo, fue el primer barco de su tipo dise&ntilde;ado espec&iacute;ficamente para expediciones ant&aacute;rticas, y que su viaje expedicionario a la Ant&aacute;rtida en 1969 se considera el origen del turismo a este continente. Muy pronto, sin embargo, cesaron las presentaciones pues nos informaron que est&aacute;bamos por salir del canal protegido para entrar al Paso Drake, tambi&eacute;n conocido como el mar de Hoces, y considerado por muchos el mar m&aacute;s picado y hostil del mundo pues en &eacute;l se unen los oc&eacute;anos Atl&aacute;ntico y Pac&iacute;fico. Todos los pasajeros deb&iacute;an regresar a sus respectivas habitaciones y permanecer ah&iacute; las siguientes cuarenta a cuarenta y ocho horas, tiempo aproximado que toma atravesar el Paso Drake para llegar a la Ant&aacute;rtida, donde las aguas suelen estar m&aacute;s calmadas.<br /><br />Al llegar al cuarto, nos percatamos de que las camas ten&iacute;an varios elementos para que quien las ocupara estuviese bien sujetado, incluyendo barandas y hasta cinturones. Si bien al principio todo era muy emocionante, puesto que sent&iacute;amos que est&aacute;bamos en una gran aventura, apenas golpeamos la primera ola empezamos a dudar si hab&iacute;amos tomado la decisi&oacute;n correcta emprendiendo esta traves&iacute;a. Los siguientes dos d&iacute;as fueron muy desagradables, y casi no pudimos pararnos de la cama. La tripulante que estaba a cargo de nuestro cuarto nos tra&iacute;a algunos alimentos, pero con el mareo tan severo sent&iacute;amos poca hambre. El barco parec&iacute;a moverse en un eje de 180 grados: en un momento dado ve&iacute;amos por la ventana del cuarto y se apreciaba directamente el cielo, y a los pocos segundos la misma ventana parec&iacute;a estar tapada por una tela negra, pues apuntaba al fondo del oc&eacute;ano. Pararse de la cama implicaba ca&iacute;das y golpes garantizados, por lo cual lo evit&aacute;bamos al m&aacute;ximo. Recuerdo haber pensado en m&uacute;ltiples ocasiones durante esos d&iacute;as que era imposible que lo que vi&eacute;ramos al llegar justificara ese tramo tan adverso, pero me equivoqu&eacute;.<br /><br />Pasadas las cuarenta horas desde que zarpamos de Ushuaia, anunciaron por el altoparlante del barco que ya pod&iacute;a avistarse el primer iceberg grande. El barco ya se mov&iacute;a menos as&iacute; que mi padre decidi&oacute; arriesgarse y salir a la cubierta para verlo. Nunca olvidar&eacute; la emoci&oacute;n que emanaba cuando regres&oacute; a nuestra habitaci&oacute;n. En segundos me convenci&oacute; de que lo acompa&ntilde;ara y lo que vi fue realmente impactante: una masa de hielo enorme, que no parec&iacute;a tener fin, y cuyos bordes eran de un color turquesa brillante. Nos comentaron tambi&eacute;n sobre la existencia del iceberg B15, que estaba &ldquo;vivo&rdquo; en ese entonces, y es el m&aacute;s grande que jam&aacute;s haya existido, con un tama&ntilde;o similar al del estado de Connecticut, en Estados Unidos.<br /><br />A trav&eacute;s de la semana que estuvimos en la Ant&aacute;rtida, visitamos varios sitios, incluyendo islas y tierra firme, y vimos muchas estructuras similares y hasta m&aacute;s imponentes que ese primer iceberg con el que nos topamos. Normalmente baj&aacute;bamos del barco en peque&ntilde;as lanchas inflables llamadas z&oacute;diacs, que utiliz&aacute;bamos a trav&eacute;s de todo el d&iacute;a para explorar el mar entre el hielo. Entre las m&aacute;s memorables de las paradas que hicimos resalto las de las islas Diablo y Decepci&oacute;n. En la isla Diablo hab&iacute;an organizado una peque&ntilde;a excursi&oacute;n a la cima de una colina. Durante el ascenso, decid&iacute; parar a tomarme un descanso. Al voltearme, recuerdo haber absorbido el paisaje m&aacute;s majestuoso que jam&aacute;s he presenciado. En el horizonte se extend&iacute;a un mar de miles de peque&ntilde;os icebergs hasta donde daba mi vista, todos ellos bordeados por aureolas turquesas que contrastaban m&aacute;gicamente con el azul oscuro del resto del oc&eacute;ano. M&aacute;s cerca, desde donde hab&iacute;amos salido a explorar, se apreciaba una invasi&oacute;n de ping&uuml;inos sobre una superficie rosada, cuyo color proven&iacute;a de la acumulaci&oacute;n de guano, el desecho de estos animales. El cielo azul, sin una nube a la vista, complementaba a la perfecci&oacute;n este extraordinario panorama. En medio del silencio y el asombro, recuerdo haber pensado que deb&iacute;a estar en la luna o en alg&uacute;n otro rinc&oacute;n del espacio.<br /><br />La parada en la isla Decepci&oacute;n tambi&eacute;n es muy emocionante, pues les da la oportunidad a los m&aacute;s aventureros de sumergirse en aguas ant&aacute;rticas, una actividad contraria a las expectativas que genera el entorno. La isla es la caldera de un volc&aacute;n activo, por lo cual se forman peque&ntilde;os pozos de agua caliente en los que los turistas pueden sumergirse. Otras paradas interesantes fueron las visitas a las bases cient&iacute;ficas como la Estaci&oacute;n Palmer, dirigida por los Estados Unidos, y a Puerto Para&iacute;so, en tierra firme del continente ant&aacute;rtico. En todas estas paradas, tuvimos la oportunidad de observar de cerca la fauna tan idiosincr&aacute;tica de la Ant&aacute;rtida, y sobre la cual distintos expertos nos dictaban charlas casi todas las noches a bordo del M. S. Explorer. Entre los animales m&aacute;s abundantes est&aacute;n los ping&uuml;inos de distintas especies, cuyas colonias se observan en cada esquina de la Ant&aacute;rtida, las ballenas, las focas y varios tipos de p&aacute;jaros.<br /><br />En nuestro &uacute;ltimo d&iacute;a en este lejano continente, el capit&aacute;n del M. S. Explorer inform&oacute; que nos ten&iacute;a una sorpresa: intentar&iacute;amos cruzar el c&iacute;rculo polar ant&aacute;rtico. Durante toda esa temporada de turismo a la Ant&aacute;rtida, la cual dura de noviembre a marzo, el M. S. Explorer a&uacute;n no hab&iacute;a podido atravesar el paralelo del c&iacute;rculo por asuntos climatol&oacute;gicos. Durante nuestro recorrido, la naturaleza cooper&oacute;. Anduvimos hacia el sur, bordeando esta tierra congelada, hasta que el capit&aacute;n solicit&oacute; que prepar&aacute;ramos nuestras bebidas para hacer un brindis, pues en poco tiempo cruzar&iacute;amos el paralelo 66&deg; 33&rdquo;. Minutos despu&eacute;s, lo hab&iacute;amos logrado: aunque est&aacute;bamos lejos de alcanzar el Polo Sur, a donde casi no han llegado humanos, la sensaci&oacute;n de estar en el fin del mundo era abrumadora. Llev&aacute;bamos m&aacute;s de una semana de estar casi totalmente incomunicados, pero las ganas de reincorporarnos al mundo real se disipaban entre la absoluta satisfacci&oacute;n que abrig&aacute;bamos. El camino de regreso a casa se nos hizo mucho m&aacute;s corto y menos hostil que el de ida, pues volv&iacute;amos con el coraz&oacute;n alegre y la mente llena de los m&aacute;s v&iacute;vidos y grandiosos recuerdos de nuestra convivencia con la Ant&aacute;rtida.</span><br /><br /><span>Algunos datos adicionales:</span><ul><li>Casi cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de nuestro viaje, en noviembre de 2007, el M. S. Explorer naufrag&oacute; en territorio ant&aacute;rtico cuando, en una expedici&oacute;n similar a la descrita en el art&iacute;culo, colision&oacute; contra un objeto sumergido no identificado, que se asume era hielo. Todos los pasajeros y tripulantes fueron evacuados a tiempo, y el barco se hundi&oacute; sin cobrar ninguna vida humana.</li><li>M&aacute;s informaci&oacute;n sobre los pocos vuelos comerciales que s&iacute; llegan a la Ant&aacute;rtida: despegan normalmente de Punta Arenas o de Santiago, ambas ciudades chilenas, y aterrizan en la isla Rey Jorge, la mayor del archipi&eacute;lago ant&aacute;rtico Shetland del Sur. Ah&iacute; un peque&ntilde;o crucero espera a los pasajeros y les da un recorrido de pocos d&iacute;as por algunos de los sitios m&aacute;s f&aacute;ciles de visitar en ese continente. Desde Australia y Nueva Zelanda salen algunos vuelos panor&aacute;micos hacia la Ant&aacute;rtida, que solo sobrevuelan el continente y regresan a Ocean&iacute;a el mismo d&iacute;a.</li></ul></div>]]></content:encoded></item></channel></rss>